Los derechos fundamentales de todo ser humano (La sanidad, la educación, la justicia, el derecho a una vivienda digna, a sacar adelante a una familia, a aspirar a una justicia real, accesible y gratuita...), nunca deberían ser objeto de negocio, especulación o privatización. Si un gobierno gestiona mal, cámbiese el gobierno. Pero que no se utilice la rentabilidad como argumento para el saqueo de los bienes públicos. Los derechos no tienen precio, ni son negociables.


jueves, 27 de abril de 2017

Un coche bizco

Buenas noches a todos.

He encontrado las fotos de este coche y creo casi una obligación contaros una historia familiar. Es una historia como todos tendremos, pero las familias son algo que desaparece con el tiempo. Se transforma, evoluciona. Aquella familia de nuestra infancia, con sus miembros, sus relaciones entre ellos y sus circunstancias ya es cosa pasada. Entre todos la matamos y ella sola se muere, en una evolución natural. Por ello, es una pena que estos pequeños recuerdos desaparezcan, y por eso os lo cuento, porque sin duda todos tendréis algúnos recuerdos que quisierais dejar fijos, al menos en papel.

Hasta muy avanzada la década de los 60 tener coche en España era algo para los privilegiados, muy lejos de la clase trabajadora. El franquismo no permitía la importación de vehículos, y la Seat fabricaba pocos de aquel modelo Seat 1400 que solamente se veían como coches oficiales y en manos de alguna familia "bien". El seat 600 ya se estaba fabricando, pero tanto su precio como la larga espera los hacían muy difíciles de conseguir.

Con esas circunstancias, mi padre, que tenía un amigo que tenía un taller, compraba al principio de verano coches más o menos de enésima mano para poder llevarnos por las tardes a la playa, y los revendía (había mercado) mejor o peor cuando se acababa el verano.

Pasaron así por sus manos (y nuestros traseros) unos coches que hoy harían la delicia de los coleccionistas, y que hacían padecer a mi padre lo indecible por sus averías. Pero el hombre conseguía llevar a sus hijos a El Saler, lo que en aquel entonces era toda una aventura. Todavía recuerdo aquella Cruz de los Caídos, que entonces no sabíamos lo que significaba, y aquellas dunas y playas solitarias y salvajes. Y el olor maravilloso que todavía me llena cuando lo respiro.

Vivíamos entonces en la Calle Boix de Valencia, en la parte antigua, distrito Catedral. Entonces era una zona humilde, hoy es una calle de hoteles y restaurantes de capricho y fincas en reserva para apartamentos turísticos.


Ahí, a la derecha, donde está el edificio blanco, estaba el Colegio de El Pilar, que en 1957 se trasladó a Blasco Ibáñez (Malas lenguas contaban hasta muchos años después malas historias sobre apropiaciones de terrenos e impago a los expropiados, cosa que nadie creía porque la iglesia franquista lo hacía todo limpiamente y de rechupete, y no estaba conchavada con el poder, que este país siempre ha sido muy así.)  Evidentemente, el de la izquierda era un edificio mucho más venerable y bonito. Los de detrás siguen siendo los que eran, aunque rehabilitados.

Pues esta calle, como otras muchas, entonces estaba sin coches. Solamente se veía aparcado el de mi padre, cuando lo tenía. Así que sus idas y venidas e incidencias eran de conocimiento común.

La calle era como una familia: Nos conocíamos todos, y en cuanto llegaba el calor nos bajábamos a cenar con la silla y el bocata (en nuestro caso desde un quinto piso sin ascensor) y hacíamos en la calle la "sopaeta". No había televisiones, o muy pocas, y nos gustaba más el cuchicheo del personal y la compañía de la gente. Los niños estábamos jugando en la calle hasta muy tarde, y no teníamos móvil ni nada que nos tutelara, ni miedo a las agresiones. Aquello era un entorno de personas, no de borregos asustados por los telediarios.

Recuerdo especialmente un patinete "de roces"  (más o menos como el de la imagen) que me hizo mi padre con madera a partir de unas ruedas de rodamientos conseguidas en un desguace. Todavía conservo esas ruedas. Y es que aquel patinete fue valiosísimo para mi, no solamente porque me sentía el rey de la calle, sino principalmente porque me lo había hecho mi padre, que es lo que da a cualquier juguete un valor incalculable.

Volviendo a los coches, uno de esos veranos mi padre compró uno exactamente como este: Un Peugeot 402, que todo el mundo conocía en el barrio por "el coche bizco", dada la posición de los faros delanteros.

Con aquel coche, que parecía un poco más fiable, mi padre se sentía más seguro que con los trastos anteriores. Así que, además de los consabidos viajes a El Saler, un verano decidió que toda la familia nos íbamos a Madrid, a ver a mi abuela paterna y al resto de la familia, puesto que tanto mi padre como mi madre eran madrileños de pura casta (Cava Baja y Las Vistillas, ahí es ná)

Así que la familia embarcó un día de principios de agosto decidida a coger aquella carretera nacional que pasaba por el Portillo de Buñol, el famoso Puerto de Contreras, el de Perales y tantas otras vicisitudes de aquellas vías hoy inimaginables. Y los cinco, incluyendo la abuela materna, con maletas y tal, subimos al bólido que nos llevaría a la capital.

De entrada, había un detalle técnico sin importancia, excepto para mi madre: La caja de cambios estaba tan desgastada que las marchas se salían, y mi madre tenía que ir, en su puesto de copiloto, sujetando la palanca. Imaginaos esto en todo un viaje largo.


Pasado Requena, con un calor espantoso y el coche, claro, sin aire acondicionado, un recalentón hizo saltar la tapa del radiador frente a nosotros, junto a un bonito chorro de agua. Así que tuvimos que parar.

No creáis que entonces la carretera era como ahora, no. Pasaba poca gente, y no había ni móvil ni asistencia en carretera: nada.

Afortunadamente, una cuadrilla de segadores que había por allí nos dejó el botijo, y mi padre paró una moto que pasaba y le llevó al pueblo más próximo. Volvió en otra moto con un mecánico que, sin otro material, confeccionó un tapón para el radiador con un bote de leche condensada. Y con esta reparación seguimos camino, con la idea de parar en Motilla, que era el pueblo más importante y con más posibilidad de una buena reparación.


Evidentemente, íbamos acumulando retraso. Llegamos a Motilla y nueva búsqueda de mecánico que nos arreglara ese coche. Nuevo retraso.

Aparentemente bien revisado y arreglado el animalito de aquellas averías detectadas por el genio aquel, cogimos carretera y cual fue nuestra alegría cuando, ya avanzada la tarde, el coche se nos va ahogando hasta que afortunadamente pudimos parar junto a un pino a la orilla del Pantano de Alarcón. Aquello no tiraba.

Nueva búsqueda de moto por mi padre y regreso a Motilla. Otra vez en moto con el mecánico motillano. Y resultó, mire usted, que al repasar el chiclé del carburador habían sustituido un tornillo original que llevaba un orificio por el que pasaba la gasolina por otro nuevo sin orificio. Nadie se explicaba cómo aquel coche, con el paso del combustible cegado por tan ingenioso cambio, había podido llegar desde Motilla hasta el pantano de Alarcón.

Total, que con esta historia y alguna que otra incidencia insignificante al lado de estas, llegamos a la Cava Baja a las tres de la mañana. Mi abuela y mis tíos estaban en los balcones esperando, la mar de preocupados (recordad: no había móviles ni cabinas en las carreteras) y nosotros habíamos batido nuestro propio récord de tardanza en ir a Madrid: 17 horas! Ni con el tren de entonces.

Entonces, en la Cava Baja se podía aparcar. Y no sólo eso, sino recuerdo desde los balcones de mi abuela estar inmerso en los mercados que algunas mañanas amanecían en esa calle, con las verduras casi al alceace de la mano, y el Mesón del Segoviano, cuyos dueños eran muy amigos de mis abuelos, enfrente.

Pero no creáis: con ese coche recorrimos la sierra de Madrid: El Escorial, San Rafael... Y despues volvimos a casa en un tiempo razonable. Claro: había pasado de nuevo por un mecánico con más equipamiento.

Otro año mi padre compró un Morris Van, que era una cosa más o menos como este pero en gris. Con él estuvimos a punto de chocar de frente contra un tanque. Pero esa es otra historia que ya os contaré si os gusta esta,


Espero que os haya parecido interesante  Buenas noches y hasta la próxima

martes, 28 de marzo de 2017

Música recomendada: Boccherini: Fandango, Sinfonie & La Musica Notturna di Madrid

Buenas noches a todos.

Conocéis mi admiración por Jordi Savall, que en este caso al frente de Le Concert des Nations aborda ni más ni menos que a Luigi_Boccherini. Toda una delicia para escuchar a estas horas, o frente a un suave atardecer.

Boccherini se inserta en el "Estilo galante", poco conocido como tal pero sin duda oído muchas veces. Empezamos con su famoso Quinteto nº 4 en Re mayor "Fandango"


Vamos a ver algunas versiones en Youtube:

Aquí lo tenéis en forma de "Españolada": Boccherini - Fandango - Ballet
Aquí una más elegante: Versión con castañuelas.

Luego vienen las sinfonías:


Y despues la genial "Música nocturna de las calles de Madrid" o Quinteto en Do Mayor Op 30 nº 6

Aquí tenéis varias versiones. pero sin duda la que más me ha gustado es la versión del final de Master and Commander, por aquello de los barcos. Aquí como final de esta gran película. Uno que es romántico.

Si queréis el disco, lo he encontrado aquí ,  pero seguro que lo podéis encontrar en muchos otros sitios.

Esencialmente esta es una música que produce bienestar y sensaciones positivas en general. Espero que os guste.

Que la disfrutéis y hasta la próxima entrada.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Los fantasmas saben qué ponerse?


Buenas noches a todos.

Hoy no pongo ninguna imagen para no asustar a nadie. Pero haberlas, haylas, claro.

Tengo que revelaros una gran duda que desde hace tiempo me asalta cada vez que veo, leo o escucho cosas esotéricas. Y es: ¿Cómo eligen los fantasmas qué van a ponerse? (Estamos hablando de los fantasmas inmateriales, no de aquellos de carne y hueso que pueblan distintos entornos. Esos no tocan hoy).

No os lo toméis a cachondeo, es serio y profundo el tema. Pero vamos a abordarlo metódicamente:

En primer lugar, os recomiendo que os leáis este enlace, que me ahorrará observaciones teóricas:
laexuberanciadehades.wordpress.com/2013/02/16/fantasmas-espectros/

Planteado esto, el tema surge de una anécdota que me contaba una señora de esas que se reúnen todas las semanas en una iglesia para ser buenas bajo la dirección de un cura joven, guapo y listo (Todo un triunfo profesional para un joven guapo y listo después de haber estudiado tantos años esos rollos que estudian). Al parecer, este cura se reía mucho preguntándoles qué vestido iban a escoger cuando resucitaran, y si iban a resucitar con la edad que tenían o con dieciocho años. Desde luego, era listo el cura. Y un tanto cabrón, porque desmontar a las abuelas los esquemas de toda la vida es mala leche, aunque no está de mas.

Así que la pregunta es más densa de lo que parece: Según el dogma católico (tienen algunos dogmas curiosos, hay que reconocerlo) llegará un día en que los muertos resuciten. Y la gente y la iconografía se cree que van a resucitar todos jóvenes y guapos, lo cual ya sí que es un milagro gordo.

Me hace mucha gracia esa gente listilla que cuando, por ejemplo, por la tele les preguntan si creen que hay otra vida sueltan eso de que: "Claro, la materia no se crea ni se destruye, sino que se transforma." queriendo dar a entender que pasaremos, cual bellos seres astrales vestidos con voluptuosas túnicas, a mundos alternativos donde tocaremos la lira sobre una nube o las narices a algún pobre infeliz ante quien nos aparezcamos. Más difícil es el tema de la reencarnación. Yo me quería reencarnar en una gaviota hasta que apareció el PP, y nos jorobó la gaviota. Hasta eso, oigan.

Pero resulta que la naturaleza es sabia, y cuando uno se muere lo aprovecha todo. Nuestras orondas y hermosas curvas, pellejos y otras lindezas se van a transformar en apestosos líquidos que abonarán los campos o en materia nutritiva para lindos animalitos de deleznable aspecto. O sea, que para resucitar o para aparecernos va a quedar poco.

Viene luego el tema del alma, o del espíritu. Hay quienes han investigado y llegado a la conclusión de que pesa 21 grs. Curioso. Con ese peso poco puede hacer luego, no sé cómo van a resucitar ni cómo se van a aparecer soportando mantos blancos, o vestidas de violeteras. Que hay apariciones para todos los gustos.

Me hacen mucha gracia los vídeos esos de Youtube y otros sitios en los que se ve un alma salir del cuerpo. Curioso. No digo que no, pero si el cuerpo se halla abandonado, como he visto, en el pasillo de un hospital curiosamente ante una cámara, y el alma sale, como si fuera el difunto aplastado por una apisonadora, todo volátil: ¿Traspasa el techo? ¿Sale por la ventana? Porque a un alma con tan poca entidad corpórea cualquier corriente de nada se la lleva. ¿Se quedan las almas enganchadas en los tubos de la luz? ¿Se les ve pasar por los pisos de arriba?.

A este respecto, hasta hace no muchos años, en Denia había un tanatorio en un bajo de un edificio, y yo siempre me preguntaba si las almas pasaban por los pisos de arriba en su ascenso hacia los cielos. Debe ser muy molesto estar en sentado en el WC, por ejemplo, y que te pase el alma de un señor que han metido esta tarde en la planta baja. O mientras está la familia comiendo, hala, un alma por entre la sopa y la ensalada. O mientras estás coyundando con la pareja, imagínate qué arrugón. Por eso es mucho más higiénico poner los tanatorios aparte, que luego no sabes si te vas a encontrar almas por casa.

Hay bastantes testimonios y documentos gráficos en los que el supuesto fantasma (¿o habría que decir la fantasma y el fantasmo?) es un ectoplasma lumínico-energético sin forma definida, o cambiante. Esto me lo creo más, y corresponde más a lo del alma de 21 grs. y a la aparente entidad energética de aquello que constituye nuestra identidad permanente. Vale. Pero también hay otros en los que la aparición va vestida/o con modelitos muy completos, sea la señora del castillo que luce su modelo de noche o sea el rico indiano torturado que se aparece en los bajos del hospital que mandó construir, este con levita, sombrero y si te descuidas reloj con cadena de oro.

Pues que me expliquen, oiga, de donde sacan este atuendo. Y más: Dónde lo meten cuando desaparecen. En primer lugar, y en contra de lo que vemos en las recientes películas de zombis, estos aparecidos van muy atildaditos, y sus atuendos no corresponden con la típica mortaja con la que hasta hace poco se enterraba a la gente. Me lo puedo creer en el caso de, por ejemplo, guerreros que han muerto en batalla y se aparecen con el uniforme o el traje de combate. Pero ya si me dicen que llevan las armas, oiga, mire, eso pesa mucho para pasearlo por el ultramundo,

Me argumentan que pueden ser hologramas que  la inteligencia procedente proyecta para que lo veamos. Vale. Pero el holograma, o lo que sea, parte de una "instantanea" tomada en un momento. Entonces, una señora de un castillo que ha muerto emparedada por su celoso marido..., ¿Tiene ocasión luego de atildarse y escoger vestido para el holograma de las apariciones? ¿Posa la gente antes de morirse o elige su imagen en el Instagram ultramundar?

Se nos podría decir que es nuestro subconsciente quien reviste la aparición. Si yo estoy en una casa del siglo XVIII por la noche (no creo que me pilléis en eso) y veo una aparición, probablemente la revista de los atuendos que pienso que llevarían entonces, y no de mercenario hoplita. Pero resulta que luego investigan los entendidos y ese traje, esa chaqueta era con la que aparece en las fotos y pinturas que muchos de los testigos no habían visto. ¿Dónde está el asunto?

Están también las apariciones religiosas, pero ahí vamos a entrar poco, porque llevan encima una potente carga subjetiva, de forma que si el ente se aparece a un católico pensará que es un santo, o la virgen, o el diablo. Pero si se aparece a un budista pensará que es un lama. Cada cual lo encasilla según sus esquemas. Lo cual no quiere decir que la aparición no exista, sino que es según cómo se toma la cosa.

Fijaros que no estoy discutiendo si existen o no los fantasmas: Algo hay, puesto que mucha gente los ha descrito a lo largo de la historia. Pero creo que hay contradicciones serias en las que no se ha caído. En el momento en el que entra en juego nuestra percepción, tanto lo que hemos oído sobre el tema a lo largo de nuestra vida como la influencia de nuestro subconsciente entran en juego.

Así que vamos a repasar: Cuando uno se muere, su cuerpo se descompone. Aceptaremos que tiene un alma que se va al otro mundo, porque si nó no hay fantasma, claro. Ese alma necesariamente debe incluir, o es, el paquete de información sustancial que mantiene la identidad de ese ente a lo largo de la eternidad, independientemente de que se reencarne, se aparezca o se dedique a la poesía celestial. Pero: ¿Dónde está la información de cómo se aparece? ¿Lleva algún "book" para apariciones? (¡Mira, hoy me voy a aparecer con la combinación verde y los pendientes de la abuela!) Es decir: ¿hay algún momento en que esa entidad, a la que vamos a llamar E1, decide proyectarse con un aspecto al que vamos a llamar E1A1? ¿Puede haber una serie de apariciones con distintos atuendos, y entonces podríamos representarlos como E1Ai(i=1....n). Esto mola, porque el universo de apariciones de distintos entes con distintos atuendos podríamos representarlo como EiAj(i=1....n, j=1....m), y al parecer matemáticas, parece que vaya en serio la cosa. Ya sólo nos falta meterlo en la Ecuación de Scrödinger para acentuar el disparate.

Suponiendo que hay alguna entidad que se presenta con diferentes atuendos (Esto se dice de algunas apariciones marianas, por ejemplo) ¿Quiere esto decir que permanece la diferencia de clases entre apariciones, en donde unas tienen un amplio ropero y otras tienen que salir siempre con los mismos harapos? No me digáis que no tiene tela la cosa.

Y hablando de tela: ¿Estos atuendos están compuestos de fotones? ¿Es el mismo tipo de fotón el que materializa el rostro de una bella dama que el que materializa su vestido? ¿Hay fotones distintos para seda, lino, terciopelo, etc? ¿El fotón del sable de un caballero aparecido es distinto que el de la gaita de un fantasma escocés? Grave problema este de la esencia de los fotones en función de los avíos fantasmagóricos. Esto no lo tuvieron en cuenta Bohr, Einstein y todos los otros sabios que estudian las partículas.

Y puestos en el tema cuántico: ¿Los fantasmas están formados por partículas o son ondulatorios? ¿Son vibraciones? ¿Dónde está el patrón que distingue una bella fantasma de un terrorífico fantasmo? Parece ser que hay lugares donde se "sintonizan" mejor las apariciones, con lo que tienen que influir muchas variables. ¿Las partículas elementales que forman los fantasmas son los fantasmones? Terribles preguntas que os deben quitar el sueño, claramente.

Pues este es el tema, queridos niños y queridas niñas. No debéis tener miedo a los fantasmas, que hasta ahora, que se sepa, no han atacado a casi nadie. susto sí que dan, pero vosotros, si os sale uno, fijaros bien en qué lleva puesto y preguntadle cómo carajo lo transporta por el ultramundo. Ayudaréis a la ciencia.

Buenas noches y soñad con los angelitos, que esos llevan siempre lo mismo. Otra noche trataremos el arduo tema de: ¿Echan los ángeles la túnica a la lavadora? ¿Y cuando se la quitan, qué queda? ¿Dónde se sujetan las alas los ángeles si no tienen túnica? ¿Usan los ángeles ropa interior? (¡Ostras! No nos hemos planteado lo de la ropa interios de los fantasmas! ¿Llevan sujetador las fantasmas, gallumbos los fantasmos, corpiño las fantasmiñas?¿Hay papel higiénico para fantasmas? ¿Usan preservativo los fantasmas? ¿Son los ángeles unos fantasmas que hacen yoga?

En fin, los caminos de la ciencia tienen aún mucho por recorrer, como veis.

Que disfrutéis. Espero que hayáis pasado tan buen rato leyéndolo como yo escribiéndolo. Y si os ha gustado esto compartidlo para que se extienda la inquietud y engorde el contador de visitas a este blog, que quiero ser famoso y millonario.

viernes, 10 de febrero de 2017

Reflexiones de Mario Benedetti

He recibido esto por WhatsApp, y como me ha gustado mucho, considero que el blog es la forma de darle más audiencia. Seguro que muchos ya lo conocéis, pero por si acaso, vale la pena. 

"Si estás cerca (por arriba o por abajo), de los 60, tómate unos cinco minutos y lee estas reflexiones de Mario Benedetti (sabios consejos de un hombre sabio).

1. Es hora de usar el dinero que usted ahorró durante toda su vida. Úselo para usted, no para guardarlo, no para que lo disfruten los que no conocen el sacrificio de haberlo conseguido; personas que ni siquiera son de la familia, nueras y yernos. Recuerde que no hay nada más peligroso que un yerno con ideas.

Cuidado, no es época de inversiones por muy maravillosas que parezcan, éstas sólo le traerán angustias y este es un momento para tener mucha paz y tranquilidad.

2. Deje de preocuparse con la situación financiera de sus hijos y sus nietos, no se sienta culpable de gastar su dinero en usted mismo. Probablemente usted ya les ofreció lo que fue posible en su infancia y juventud, como una buena educación. Ahora por lo tanto, la responsabilidad es de ellos.

3. Ya no es época de sostener a nadie de su familia; sea un poco egoísta. Tenga una vida saludable, sin grandes esfuerzos físicos. Haga gimnasia moderada y aliméntese bien.

4. Compre siempre lo mejor y más fino, al fin y al cabo es para usted. Recuerde que ahora un objetivo clave es gastarse el dinero en usted, en sus gustos y caprichos. Después de muerto, el dinero sólo genera odios y rencores.

5. No debe angustiarse por poca cosa. En la vida todo pasa, sean los buenos momentos que deben ser recordados, sean los malos que deben ser rápidamente olvidados.

6. No caiga en la tentación de vivir con sus hijos o nietos, aunque de vez en cuando vaya unos días como invitado. Consiga más bien un ama de llaves que le acompañe y colabore en las tareas del hogar y solo tome esta decisión cuando no de más de si o sienta que el fin está bien próximo.

7. Nada de ser muy moderno, intente ser clásico. Es triste ver gente mayor con peinados y atuendos hechos para jovencitos.

8. Lea libros y periódicos, oiga radio, vea buenos programas de televisión, use Internet, envíe y responda e-mails, llame a los amigos. Manténgase siempre actualizado.

9. Jamás use la expresión "en mis tiempos". Recuerde que su tiempo es hoy.

10. Hable poco y oiga más. Su vida y su pasado solo le interesan a usted mismo. Si alguien le pregunta por esos asuntos, sea breve y procure hablar de cosas buenas y agradables. Jamás se lamente de algo. Hable en tono bajo y con cortesía. No critique nada, acepte las situaciones tal como son. Todo es pasajero. 

11. Los dolores y las molestias estarán presentes, no las vuelva más problemáticas de lo que ya son, hablando permanentemente de ellas. Trate  de minimizarlas. Al final, ellas le afectan solamente a usted y son problemas suyos y de sus médicos.

12. No permanezca tan apegado a la religión, rezando todo el tiempo. Dentro de poco, podrá hacer sus pedidos personalmente.


No te rindas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque ésta es la hora y el mejor momento.

jueves, 2 de febrero de 2017

Se me ha roto el disco duro

Se me ha roto, ha cascado, está kaputt. Ese compañero que compré hace ya demasiados años para una cosa electrónica, ha dejado de funcionar.

Posiblemente vosotros habréis  experimentado también tan aterradora situación: En lugar del sonido cantarín de mi disco duro externo, y la aparición inmediata de su conexión a través de USB, un clac-clac siniestro resuena como el quejido de un amigo que quisiera seguir ayudándote pero no puede, algo siniestro, que anuncia el fin total.

Ya me pasó. Me ha pasado con otro, hace ya dos o tres años, o más. ¡El tiempo pasa tan rápido en compañía de estas lindezas!. Entonces me pilló por sorpresa. Hice todo lo que encontré en Internet, porque ya era cosa de amor propio: Lo calenté, lo congelé, le dí meneítos, le dí al final alguna que otra ostia cariñosa. Pero nada, aquello seguía haciendo clac-clac con absoluta indiferencia.

Acudí a gente que sabía más que yo del tema (hay mucha, no creáis), y el diagnóstico final fue que lo llevara a una empresa especializada. Pero eso queda para cuando es rentable. Los datos que yo perdí no valían la pasta que eso cuesta. Eso queda para otras ocasiones.

Recuperaciondedatos.com.mx
Ahora ya me ha pillado avisado. Esta vez acepto que mi amigo y compañero de tantas horas de mover ficheros de una unidad a otra ha fenecido. La tecnología es así, e igual que te duele desprenderte de un coche que te ha llevado fielmente a ti y a tu familia por carreteras y caminos, ese disco externo, tan ovaladito y tan bonito, ha cascado. Y no voy a ser yo quien maltrate el cadáver metiéndolo en un horno o en una nevera, o girándolo como si fuera una hucha de la que pudieran salir los ficheros por la rendija. Le daré un fin honroso, y le haré una autopsia a ver se veo al enanito de dentro.

Afortunadamente tenía copia de lo importante, en un segundo disco duro. Imaginaos el pánico si cascan a la vez los dos, que puede ser.  He llegado a la conclusión de que, no existiendo agresión externa, que no ha sido el caso, para los dos discos duros externos que se me han muerto con los mismos síntomas la misma causa puede haber sido una sobretensión al conectar la electricidad. Que no es una explicación razonada, pero necesitamos tener una explicación para las cosas. Y como los dioses y los demonios, los genios y los fantasmas no están muy informatizados, pues echaremos la culpa al voltio, que para eso está.

Y vosotros diréis: ¿A mí qué narices me importa esto? Pues os interesa para que veáis o recordéis que no hay nada fiable, y que más vale tener una, dos o varias copias de seguridad, porque en el momento menos pensado, que también pasa, arrancáis el ordenador y el disco donde tenéis los datos de trabajo está muerto, flipped, trenqued, emmerdé, fet una merda, o similar. Y si no tenéis copia, no vale eso de "Tú que eres informático me lo arreglarás". Ni lo mío, oiga. C'est fini.

Y esto me lleva a un razonamiento filosófico, de esos baratos de poner en el blog: No hay que fiarse de la tecnología, para nada. Y me explico:

Habiendo comenzado en Informática en 1975 (Sin contar las prácticas de la carrera en un fósil divertido), con lo que se llamaba "Mainframes", o sea, los ordenadores muy grandes, he visto, vivido y trabajado con la evolución de los medios, desde los tiempos en que no teníamos pantallas, y la salida de información del ordenador era a través de una impresora, y los discos duros de ¡500 Mb!  eran como lavadoras y valían una millonada, hasta el presente.

Entonces teníamos para las copias de seguridad varios juegos de cintas, de esas gordas y largas de carrete que salían en las películas. Hemos pasado por un montón de "novedosos" y efímeros sistemas de seguridad, desde los cartuchos de cinta a los discos ópticos. Sistemas que llegaban a almacenar ¡10 Mb! y otros, los más sofisticados, que podías meter ¡150 Mb!. El espectro es muy grande, y cada cual podrá contar con lo que ha trabajado.

¿Pero dónde está el tema? Pues que en muchas ocasiones esa tecnología ha ido desapareciendo, y los nuevos ordenadores y sistemas operativos no leían el software encargado de gestionarla. He vivido la necesidad de tener que recuperar datos fósiles de más de diez años atrás y tener que buscar, con las empresas, algún equipo heroico y resistente que todavía leyera aquellos soportes, y no poder.

Ahora nos creemos que lo tenemos todo garantizado. Acordaos de aquellos datos que guardabais, si sois bastante veteranos, en disquettes: Ya no hay, en la mayor parte de equipo, lectoras. ¿Y los vídeos de cinta? Pues va por el mismo camino la cosa con los sistemas actuales.

Hubo una época que lo guay era el CD, y luego el DVD. Pringosos protagonistas de deleznables misiones imposibles se mataban por un disco más o menos. ¡Qué antiguos! Ahora hasta Montoro lleva un pen, que es como ver a un enterrador bailando un rap. ¿Qué va a pasar con todos los datos que hay en DVDs cuando a la industria ya no le salga rentable producir reproductores, eh? Pues eso.

El resultado, para mi, es que somos una civilización cada vez más frágil. Las Tablas de la Ley, según cuentan, estaban escritas en piedra, y mira si han dado juego. Las inscripciones romanas, ahí están. Y los libros incunables, más frágiles, todavía se pueden consultar. ¿Y nuestros documentos en .pdf? ¿Y nuestros escaneos en .jpg o cualquier otro formato "estandard"?  Si una de esas tribus de bárbaros que van dinamitando estatuas y monumentos pretendiendo borrar la huella de las civilizaciones quieren borrar la nuestra, solamente tienen que quitarnos la electricidad. Y ellos saben vivir sin ella.

Antes enlazábamos cintas para las copias. Luego, interminables pilas de disquettes secuenciados para copiar discos duros con megas de capacidad. Ahora tenemos gigas, y guardamos desde las nóminas hasta las fotos de las bodas, pasando por las radiografías. Todo en formato electrónico. Y como es imposible ir metiendo CDs o DVds, le ponemos discos duros, ale, a copiar. Cuanto más gordo el disco, más mierda metemos y más pronto. Esta es una norma que todo informático conoce y sufre.

El disco duro externo que se me ha muerto tenía 750 GB. Una burrada, el máximo cuando lo compré, y me costó pasta. Ahora por la tercera parte puedo comprar discos de 3 Tb. Eso está bien, porque así cuando se me rompa perderé 3Tb de información, en vez de menos de la tercera parte.

Nos fiamos demasiado de tecnologías frágiles, pasajeras. Creemos permanentes formatos que no son más que productos comerciales extendidos. Y creemos que vamos a tener siempre los instrumentos para manejarlos. Pero ellos y nosotros estamos condenados al olvido, a la obsolescencia. Nuestros nietos o sus nietos mirarán la época del ordenador igual que nosotros miramos las radios de galena de nuestros abuelos. Y no solamente no podrán reproducir lo que amasamos en ellos, sino que probablemente les importará un rábano y estarán adorando otras cosas que creerán el colmo de la innovación y de la tecnología, si es que no están intentando saltar los muros de los Trumps de entonces.

Por lo tanto, dos consejos: Más valen dos discos de copia que uno solo, y tres mejor que dos. Y otro mucho más útil: Levantaros de los teclados e iros a pasear por la playa, a ver el monte o a bailar. Es mucho más divertido y nutritivo y al final nosotros también haremos clac-clac y no nos servirá para nada lo tecleado. Al menos que nos quiten lo bailao.